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| Prejuicio, racismo, y el funcionamiento natural del cerebro |
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Menos mal que el cerebro humano sabe ahorrar energía, y este funcionamiento mental es la esencia de la especie humana. Somos lo que es nuestro cerebro es.
Menos mal que no forzamos al cerebro a recordar y trabajar con las interminables variables de información que vamos recibiendo a lo largo de nuestra vida.
Si cada vez que hacemos trabajar nuestro cerebro, lo hiciésemos analizando cada dato , cada información que recibe de forma individual para procesarla antes de actuar en consecuencia, conseguiríamos dos cosas: agotarlo, y no hacer nada, porque nos pasaríamos todo el tiempo procesando la información, que llega sin cesar, y seríamos incapaces de tomar ninguna decisión.
Menos mal que el hombre es inteligente. O mejor dicho, menos mal que los hombres somos inteligentes, de uno en uno, y que nuestra evolución psicológica se basa, entre otras cosas, en dos capacidades de nuestro cerebro que parten intrínseca e inseparablemente de su propio funcionamiento.
La primera capacidad es la capacidad de recordar. Es la base del aprendizaje: vivir, experimentar, y recordar. Recordar incluso aun cuando inconscientemente no sabemos que lo estamos haciendo, pero recordamos para tomar decisiones, puesto que nuestras decisiones las tomamos en base a todas nuestras anteriores vivencias y todos nuestros anteriores recuerdos, que de uno u otro modo, han dejado su huella en nuestra mente.
La segunda capacidad es la capacidad de sintetizar y simplificar ideas, conceptos, y recuerdos. Lo que recordamos son sensaciones, síntesis y resultado de los razonamientos que hicimos en su día y que ya no necesitamos repetir porque tenemos la experiencia y la memoria.
Se entiende mejor poniendo ejemplos...
Cuando aprendemos a conducir tenemos que esforzarnos para aprender esta habilidad, pero una vez aprendemos, no tenemos que ir recordando paso a paso cada acción que requiere la conducción de un vehículo. Sencillamente echamos mano del concepto “conducir” y lo hacemos, casi sin pensar, sin pensar conscientemente.
Del mismo modo podemos recibir una entrada de nueva información, en forma de un viaje turístico de placer. Un viaje supone un flujo incesante de nueva información para nuestro cerebro, datos nuevos, pero según vamos recibiendo estos datos, el cerebro va sintetizándolos en una serie de ideas concretas, simples, sencillas, que son las que luego usaremos para recordar ese viaje. Son las sensaciones, que son la esencia y la síntesis del recuerdo.
Más habitualmente, interactuamos con los demás. Hablamos, pero con acento, gesticulamos sin darnos cuenta, y tomamos decisiones en función de los datos que vamos recibiendo, pero este proceso mental no calcula cada vez todos los datos que recibe como si fueran nuevos, sino que echa mano de los recuerdos más fáciles, más rápidos, y más generales.
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